Historia

Sperandio Bertolini llegó de Italia y trabajó en el Tuñín de la Boca donde vivía y aprendía el oficio de Pastelero, que luego transmitiría a su familia, y que incluía la fabricación de tapas para empanadas, pascualinas y pasteles. En el año 1943 comienza a fabricar por su cuenta, de forma artesanal y exclusiva, sus famosas tapas. Tenía una hija, llamada Hilda Marta Bertolini, para todos Doña Beba.  En el año 1955 se incorpora quien luego sería su yerno, Don Carlos Giganti, quien aprende el oficio continuando juntos la fabricación de tapas. Don Carlos, con sus conocimientos técnicos, es quien aportará ideas innovadoras para reemplazar procesos artesanales por mecánicos, dando inicios a la industrialización en la fabricación de tapas para empanadas, pascualinas y tartas.

En 1979 fallece Don Sperandio, y luego de unos años Don Carlos, junto con Doña Beba y sus hijos, fundan H Bertolini SRL, una empresa construida sobre los pilares del conocimiento, perseverancia, honestidad y calidad, que adquirirá la marca Signo de Oro, apostando todo a la Industria Argentina, con una fábrica que ocupa hoy día un importante predio en la localidad de Villa Lynch, certificada con los altos estándares de normas internacionales para establecimientos alimenticios, que supera las 100.000 docenas diarias, que llegan desde Usuahia a La Quiaca, que fabrica marcas propias (Signo de Oro, Doña Beba, Don Carlo, Tia Sol) y marcas para los más importantes hipermercados, y que exporta a EEUU y a Europa. Formamos un equipo muy sólido, y seguimos en ese camino, en el de la innovación, en la inversión y crecimiento constante, llevando a su mesa un producto que a pesar del crecimiento y la expansión ha sabido mantener la calidad y el sabor artesanal que nos distinguió desde nuestros inicios. 

 

Nuestra premisa ha sido siempre: la mejor calidad al mejor precio.